La educación estatal según Marx

Ariel Mayo y Roberto Parodi

“El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa.” Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto Comunista (1848)

 “El instrumento político de su sumisión  no puede servir de Instrumento político de su emancipación [de la clase obrera]. Karl Marx, Borrador II de La guerra civil en Francia (1871)

La actual lucha salarial de los docentes argentinos vuelve a dejar, una vez más, a las corrientes revolucionarias empantanadas en el estatismo. En otras palabras, se apela a la exaltación de “lo estatal” como el refugio de todas las reivindicaciones populares amenazadas por el capitalismo. A tal punto es así que se prefiere dividir al movimiento de lucha por salarios con tal de seguir manteniendo como salida estratégica la defensa de la educación estatal, aún a costa de poner en riesgo la fuente de trabajo de los docentes privados. En este sentido, se escuchan las voces de muchos militantes de izquierda pidiendo que se quiten los subsidios a las escuelas privadas, bajo el supuesto hipotético de que los compañeros de las escuelas privadas pasarían a tener trabajo en el ámbito estatal (con la apertura de nuevas escuelas públicas en el futuro). Afortunadamente esta “recomendación” al Estado capitalista acerca de cómo debe manejar su presupuesto no se hace extensivas a otras empresas privadas (automotrices, lácteas, etc.).

Un argumento muy utilizado para defender los beneficios del estatismo en la educación es que en las escuelas públicas la libertad sindical es una conquista asentada, en tanto en las escuelas privadas se florea el despotismo patronal que anula toda actividad gremial. La conclusión es insostenible desde el punto de vista de los compañeros que se desempeñan en el ámbito privado. En lugar de bregar por la extensión de los derechos sindicales, en lugar de organizarse en la clandestinidad para evadir la furia patronal, lo mejor es eso de… “muerto el perro”.

Para hacer un aporte al debate sobre el Estado y la educación, queremos esbozar un breve panorama sobre la opinión de los fundadores del materialismo histórico sobre la educación estatal.

¿Marx enemigo de la educación estatal?

Para conocer la posición marxista sobre el Estado nada mejor que recurrir a las fuentes originales. Así, el conjunto de escritos de Marx y Engels conocido genéricamente como Crítica del Programa de Gotha (1), donde discute con socialistas estatistas con ideas similares a nuestros contemporáneos, constituye una excelente puerta de entrada a su concepción sobre el estatismo.

Ante todo, es preciso tomar como punto de partida la caracterización del Estado como instrumento de dominación, como aparato destinado al sojuzgamiento de las clases explotadas (2). Marx remarcó en todo momento la necesidad de la organización autónoma de los trabajadores, partiendo de la certeza de que “la “emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos” (3). Además, la experiencia de la Comuna de París (1871) lo convenció de que la clase obrera no podía servirse del Estado burgués para lograr su liberación. (4) En 1871, cuando redactó el manifiesto de la 1º Internacional sobre la Comuna, (conocido como La guerra civil en Francia), Marx había llegado a la conclusión de que el Estado moderno no sólo era un órgano de dominación de clase, sino que también oprimía al conjunto de la sociedad. La centralización del capital en manos de un número cada vez más reducido de capitalistas iba de la mano con la centralización política a cargo de un Estado capaz de ejercer un control cada vez más profundo sobre el conjunto de la sociedad.

Llegados a este punto, corresponde introducir el problema de la educación estatal. El sentido común, tanto el académico como el político, considera que Marx era un partidario acérrimo de la educación a cargo del Estado. Sin embargo, en la Crítica del Programa de Gotha sostiene una opinión diferente.

El proyecto de los socialistas alemanes decía lo siguiente respecto a la educación:

“1. Educación popular general e igual a cargo del Estado. Asistencia obligatoria para todos. Instrucción gratuita.” (p. 343).

Las medidas exigidas parecen irreprochables desde el punto de vista adoptado por el progresismo y/o el reformismo. Pero Marx no era progresista en este sentido. Su punto de vista era del de la lucha de clases, no el de la evolución gradual. Por eso interpretó las consignas de los socialistas alemanes a partir de la lente del reconocimiento del papel del Estado como órgano de dominación de clase.

“¿Educación popular igual? ¿Qué se entiende por esto? ¿Se cree que en la sociedad actual (que es la de que se trata), la educación puede ser igual para todas las clases? ¿O lo que se exige es que también las clases altas sean obligadas por la fuerza a conformarse con la modesta educación que da la escuela pública, la única incompatible con la situación económica, no sólo del obrero asalariado, sino también del campesino?”

Con realismo implacable, Marx fustiga la noción de que la educación puede aportar igualdad a una sociedad basada en la desigualdad. Y no se trata por cierto de una desigualdad abstracta. El niño que nace en alguna de las innumerables barriadas populares de la Argentina es completamente desigual al niño que ve la luz en alguno de los numerosos barrios cerrados que florecieron en las últimas décadas, tanto con el neoliberalismo como con el modelo “nacional y popular”. Sus oportunidades son radicalmente distintas porque pertenecen a clases sociales distintas. Decir que la educación puede zanjar este abismo de desigualdad equivale a hacer lo que Thomas More (1478-1535) criticaba a la clase dominante de su época:

“Permiten que estas gentes crezcan de la peor manera posible y sistemáticamente corrompidos desde su más tempranos años. Al final, cuando crecen  y cometen los delitos que estaban obviamente destinados a cometer desde que eran niños, los castigan. En otras palabras, ¡crean ladrones y después les imponen una pena por robar! (p. 73; el resaltado es mío – AM -) (6).

Por el contrario, la educación en una sociedad capitalista es desigual. El hijo del empresario recibe una educación diferente a la del obrero. ¿Puede ser de otro modo? Es claro que no, pues la distribución desigual de los medios de producción exige una distribución desigual de los saberes. En estas condiciones, abogar por la igualdad en la educación sin cuestionar las bases del orden capitalista constituye una ingenuidad casi pueril. La realidad de las clases sociales se impone tanto a los educadores como a los políticos progresistas.

En las condiciones del capitalismo, la defensa de la igualdad por el Estado da origen a hechos curiosos. Marx indica uno de ellos:

“El que en algunos Estados de este último país [Estados Unidos] sean «gratuitos» también los centros de instrucción media, sólo significa, en realidad, que allí a las clases altas se les pagan sus gastos de educación a costa del fondo de los impuestos generales.” (p. 344).

De modo que la educación gratuita (esa panacea del progresismo de todos los tiempos y lugares), representa bajo el capitalismo algo bien diferente a las intenciones de sus defensores. Marx apunta aquí a la educación secundaria, reservada en su época a las capas medias y a la clase dominante. Lo mismo podría decirse, en las condiciones de la Argentina actual, respecto de la educación universitaria. Mientras que sólo algunos individuos de la clase trabajadora pueden acceder a ese nivel educativo, las clases medias y los sectores dominantes se ven favorecidos por la gratuidad de la educación.

Pero Marx va más allá de señalar el carácter de clase de la educación bajo el capitalismo.

“Eso de «educación popular a cargo del Estado» es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., y velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, como se hace en los Estados Unidos, y otra cosa completamente distinta, es nombrar al Estado educador del pueblo! Lejos de esto, lo que hay que hacer es sustraer la escuela a toda influencia por parte del Gobierno y de la Iglesia.” (p. 344; el resaltado es nuestro).

Para Marx, poner la educación en manos del Estado implica fortalecer la dominación de la burguesía y el control del Estado sobre el conjunto de la sociedad. Apostar por el Estado como herramienta de liberación significa, en los hechos, reforzar la dominación del capital, con el plus de que a esa dominación se le agrega la dominación de los burócratas. Muchas veces se pierde de vista que el proyecto político de Marx, anudado en torno a la organización política autónoma de la clase obrera, va dirigido a la emancipación del conjunto de la sociedad y no sólo de los trabajadores. En ese proyecto, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la transformación radical del Estado son los pilares fundamentales. Esta última transformación es concebida como el fortalecimiento de la sociedad, como la asunción por parte de la misma de las funciones administrativas que en la actualidad se encuentran a cargo del Estado. A diferencia de los liberales, Marx sostiene que esto solamente es posible eliminando la propiedad privada en beneficio de un régimen de propiedad comunitaria (¡no estatal!). A diferencia de los progresistas, Marx afirma que esto solamente es posible transformando radicalmente al Estado burgués (eliminando en una primera etapa el aparato represivo), hasta lograr su extinción.

Lejos de ser un defensor del fortalecimiento del Estado, Marx comprendió de un modo acabado la naturaleza de clase del Estado y su creciente poder sobre la sociedad.

Lo que lleva a Marx a esta posición con respecto a la educación es su conocimiento de los límites del capital. Bajo condiciones de dominación económica y política del capital es imposible una educación igualitaria, basada en relaciones solidarias y con un contenido libertario. Mucho menos en manos del Estado, órgano por excelencia de la opresión política y la represión burguesa.

Pueden lograrse espacios democráticos, donde se desarrolle la crítica social, pero se trata de los intersticios de una educación globalmente orientada a la reproducción de las relaciones capitalistas: trabajadores disciplinados, cuadros dirigentes de la producción, mandos medios y gerenciales, imbuídos de un espíritu patriótico asentado en repetitivos rituales con la clara intención de sembrar la idea de que pertenecemos a una gran comunidad de iguales.

NOTAS:

(1) Para las citas de la Crítica del Programa de Gotha se utilizó la siguiente edición española: Marx, Karl y Engels, Friedrich. (1981). Obras escogidas. Moscú: Progreso. (pp. 325-353). La obra está constituida por una serie de manuscritos y cartas en los que Marx y Engels discuten con la dirección del Partido Socialdemócrata Alemán. Los socialistas alemanes estaban divididos en dos corrientes principales: una de ellas, liderada por August Bebel (1840-1913) y Wilhelm Liebknecht (1826-1900), se encontraba cercana a los planteos de Marx; la otra reunía a los seguidores de Ferdinand Lassalle (1825-1864). Lassalle abogaba por la colaboración entre el movimiento obrero y el Estado prusiano para obtener mejoras en la condición de los trabajadores. Lassalle y sus seguidores (Lassalle murió muy joven en un duelo) preferían negociar con el Estado y conseguir concesiones antes que desarrollar un movimiento obrero políticamente autónomo. En 1875 ambos grupos del socialismo alemán, marxistas y lassalleanos, emprendieron negociaciones tendientes a la unificación. En este marco, los marxistas elaboraron un proyecto de programa para el partido unificado; en el documento estaban contempladas muchas de las posiciones de los lassalleanos. Marx, quien no participó de las negociaciones ni de la redacción del proyecto, se indignó ante lo que consideró una claudicación inconcebible e inútil frente a los lassalleanos. Para la vida y obra de Lassalle, puede consultarse a modo de introducción: Cole, G. D. H. (1980). Historia del pensamiento socialista: II. Marxismo y anarquismo, 1850-1890. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. (pp. 75-89). En la misma obra se encuentra una presentación de las negociaciones entre ambas corrientes del socialismo alemán. (Cole, 1980: 230-239).

(2) Esta concepción no es novedosa. Adam Smith sostuvo la misma opinión desde el liberalismo: “El gobierno civil, en cuanto instituido para asegurar la propiedad, se estableció realmente para defender al rico del pobre, o a quienes tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna.” (Smith, Adam, Investigación sobre el origen y causas de la riqueza de las naciones, México D. F., Fondo de Cultura Económica, 1958, p. 633).

(3) Marx, Karl, Estatutos generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores [1º Internacional], redactados en 1864. El texto se encuentra disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/1864-est.htm

(4) El texto del segundo borrador de La guerra civil en Francia no deja espacio para las dudas: “Pero el proletariado no puede, como lo hicieron las clases dominantes y sus diversas fracciones rivales inmediatamente después de su triunfo, tomar simplemente posesión del cuerpo del Estado existente y hacer funcionar ese aparato para sus propios fines. La primera condición para conservar el poder político es transformar el mecanismo actuante y destruirlo en tanto que instrumento de dominación de clase.” (Citado en Rubel, Maximilien y Janover, Louis,Marx anarquista, Buenos Aires, Madreselva, 2010, p. 61).

(6) More, Thomas. (2007). Utopía. Buenos Aires: Losada. (Traducción española de María Guillermina Nicolini).

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Se viene ….

Revista Propuesta Marxista n° 3

Editorial: Los objetos imperfectos

Ajuste, movimiento obrero y tareas de los comunistas (Ariel Mayo)

Mujeres (Fernanda López)

Fetichismo de la mercancía (Ezequiel Hernández)

Para una crítica marxista de la burocracia sindical (Agustín Santella)

Carácter de clase del docente y estudiante universitario (Rolando Astarita)

Apuntes sobre el guerrillerismo (Ernesto Manzanares)

El relámpago. De vuelta a Kronstadt (Roberto Parodi)

revistapropuestamarxista@gmail.com

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PONELE FECHA

atrioComité Editorial

El repudio generalizado de la multitud de trabajadores reunidos en el acto de la CGT  ante la negativa de los dirigentes de ésta a poner fecha a un paro general, y la toma posterior del palco desde donde hablaban los oradores, disparó el entusiasmo de muchos compañeros, que consideran cercano el final de la burocracia sindical y el viraje hacia la izquierda del movimiento obrero.

La innegable alegría ante la huida de la burocracia en la jornada del 7 no debe hacer olvidar algunas cuestiones, todas ellas necesarias para realizar un análisis objetivo de la coyuntura. Por supuesto, lo que sigue tiene un carácter provisional, dado que escribimos sobre la misma marcha de los acontecimientos. Pero consideramos que el cuadro general, más allá de la inexactitud en los  detalles, conserva validez.

1- Nuestro país experimenta un período muy prolongado de ausencia de crecimiento económico, iniciado en 2011, y agravado el año pasado con la recesión. Una economía capitalista siente horror hacia la ausencia de crecimiento, caen las ganancias y se desploma la inversión. Sin crecimiento económico la burguesía se ve en dificultades para desarrollar una hegemonía sólida. Sus diferentes fracciones carecen de la fuerza suficiente para encolumnar de manera estable a las demás. Por supuesto, existe un acuerdo general acerca de la necesidad de generar un clima propicio para la inversión. Pero la duración de la crisis provoca impaciencia, falta de confianza, debilidad general de los liderazgos. El sistema capitalista no está en riesgo, las leyes del capital se siguen imponiendo con toda la fuerza de la impersonalidad, pero la dominación política requiere de algo más que la vigencia “automática” de la ley del valor.

2- El sistema de partidos políticos sigue siendo débil. Ninguno de ellos cuenta con la fuerza suficiente para imponerse de manera decisiva sobre los demás. El partido del orden, el PJ, sufre las consecuencias de su derrota en las elecciones de 2015 y se encuentra sumido en fuertes disputas internas. El PRO pretende convertirse en el partido de la burguesía argentina, pero la prolongación de la crisis económica amenaza con hacer estallar el liderazgo de Macri.

3- El movimiento obrero argentino, cuyas organizaciones actuales se estructuraron en las décadas del 40 y del 50 del siglo pasado en el marco de un modelo desarrollista mercado internista, arrastra una larga crisis, derivada de la desaparición de las bases de ese modelo en 1989. La burocracia sindical se encuentra con márgenes de maniobra cada vez más acotados, en la medida en que sus formas organizativas y sus formas de lucha aparecen inadecuadas frente a la nueva realidad del capitalismo..

4- Todos los actores de la política argentina se caracterizan por su debilidad, derivada de la persistencia de la crisis. Esta caracterización se extiende a la izquierda. La debilidad de la izquierda obedece a múltiples factores. El más significativo de ellos es el hecho de que el socialismo no forma parte del horizonte ideológico de la clase trabajadora. Para la inmensa mayoría de los trabajadores, sólo es viable el capitalismo, y lo único que queda es elegir la variante “más amigable” del mismo.

5 – Aunque débil comparada con otras épocas, la burocracia sindical sigue conservando la dirección del movimiento obrero. La magnitud de la movilización  muestra que la CGT es la única organización capaz de movilizar masivamente al movimiento obrero. Ninguna de las corrientes que se oponen a la burocracia está en condiciones de convocar un paro general contra el ajuste. De este modo, los mismos burócratas denunciados por la izquierda como aliados del macrismo son considerados como la llave para derribar a éste La situación parece surrealista, pero es consecuencia de la debilidad de la la izquierda en el movimiento obrero.

6- Todos los factores mencionados confluyeron en el acto del 7 de marzo. La caída de los salarios reales durante 2016, los despidos y los avances de la flexibilización laboral, han generado un enorme descontento entre los trabajadores. La CGT, unificada y dirigida por un Triunvirato (lo que constituye en sí mismo una declaración de debilidad) convocó a un acto multitudinario…para dilatar la convocatoria a un paro general. La mera enunciación de este objetivo da cuenta de lo imposible de la situación para la dirigencia de la CGT. Decenas de miles de activistas obreros concurren a ese acto esperando que ocurra un milagro (la convocatoria al paro general) que saben no que sucederá. Los discursos de los triunviros ponen al desnudo su voluntad de no poner fecha al paro general. Concluye el acto y la bronca del activismo se dispara (además de las internas al interior de la burocracia). En un hecho insólito el palco es tomado.

7- La toma del palco resume todo el asunto, sus alcances y limitaciones. El palco es tomado, pero se sigue pidiendo a la CGT que convoque al paro general. Todos reconocen la permanencia de la CGT como dirección del movimiento obrero, más allá de las puteadas y/o el lenguaje radicalizado con que escondan este reconocimiento. Repetimos una vez más: el paro se le pide a la CGT, no lo convocan ni las bases ni la izquierda.

8- La militancia de izquierda que realiza el trabajo gris y cotidiano en los sindicatos, en las distintas organizaciones obreras, sabe que un palco es un palco y que el poder se construye, no se toma. El crecimiento de la izquierda en los sindicatos, en el movimiento obrero, exige respeto por la tarea de esos militantes, quienes con  paciencia infinita se dedican a la tarea de convencer al conjunto de los trabajadores de la necesidad del socialismo. Sostener que la toma del palco representa el final de la burocracia sindical o su crisis terminal, significa faltar el respeto a esa tarea e hipoteca el futuro del socialismo revolucionario en nuestro país.

9- No escribimos desde cualquier lugar. Formamos parte de la izquierda que pretende ser revolucionaria. La huida de los burócratas, abucheados por miles de trabajadores, nos produce alegría, pero no perdemos de vista que el poder es una relación social y que se construye a partir de un trabajo paciente. El marxismo plantea la necesidad de luchar sin ilusiones, es decir, partir del rechazo de las visiones autocomplacientes y de las expectativas basadas en los deseos y los anhelos, por mejor intencionados que sean. Luchar sin ilusiones no implica derrotismo. Todo lo contrario, el marxismo tiene por objetivo derrotar al capitalismo e instaurar una sociedad sin explotación. Para ello es preciso ser eficaz, es decir, dejar de lado las ilusiones al momento de analizar la relación de fuerzas entre las clases sociales. Para la clase trabajadora se trata de ganar en la lucha de clases, nada más ni nada menos.

10- El episodio de hoy marca la debilidad de la burocracia. Pero todavía no existe el poder obrero capaz de reemplazarla. Reconocemos la debilidad de la izquierda, imposibilitada por sí misma para convocar a un paro general. Somos débiles, pero en el reconocimiento de esa debilidad reside nuestra fuerza. Sólo así puede construirse poder desde abajo.Tenemos que edificar ese poder y para ello es preciso construir un sentido común diferente al actual, donde el socialismo forme parte de las convicciones cotidianas de los trabajadores, y organizaciones que respeten la voluntad y las opiniones de los bases.

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El Comité Editorial de la Revista Propuesta Marxista declara su adhesión a la movilización y paro internacional de Mujeres convocado para este 8 de marzo

Comité Editorial Revista Propuesta Marxista

“En toda sociedad, el grado de emancipación de la mujer, es la medida natural de la emancipación general.” Charles Fourier

El desarrollo del capitalismo no suprimió la opresión de las mujeres; si bien posibilitó algunas de las condiciones materiales para nuestra liberación, reforzó la opresión derivada del patriarcado con nuevas formas de sujeción. Las mujeres nos incorporamos al mercado de trabajo y pasamos a sufrir una doble opresión: en tanto trabajadoras, en la fábrica (teniendo en cuenta que  percibimos por igual trabajo, un salario inferior al de los hombres); en tanto ama de casa y madres, en el hogar. Las luchas emprendidas por las mujeres y el movimiento obrero en pos de lograr la plena igualdad jurídica con los hombres se han visto coronadas por la sanción de leyes que establecen dicha igualdad. Sin embargo, la emancipación jurídica no elimina ni la explotación económica derivada del capitalismo, ni la dominación y opresión patriarcal heredada de formas anteriores de sociedad.

El capitalismo, basado en la explotación de los trabajadores, no puede terminar con el patriarcado. De un lado, porque la sujeción de las mujeres al hogar reduce los costos de reproducción de la fuerza de trabajo. Sólo así se explica que en una sociedad donde todo es mercancía, el trabajo del ama de casa sea gratuito. Por otro lado, porque la burguesía, cuyo poder se basa en la opresión, se siente solidaria con todas las formas de sumisión. El patriarcado es muy anterior al capitalismo, pero se resguarda y fortalece bajo éste.

La lucha contra el patriarcado y todas las formas de opresión de género debe ser prioritaria para las organizaciones socialistas revolucionarias. Tenemos que ser absolutamente claros: si bien la izquierda avanzó en este terreno, pues la afirmación de la importancia de la lucha por la igualdad de género es unánime, falta mucho para que este reconocimiento pase del plano de lo discursivo a lo real. Las compañeras seguimos siendo consideradas y tratadas como inferiores en relación a  los hombres, como menores de edad, como si las mujeres precisaran ser tuteladas. Se reconoce la necesidad de la organización de las mujeres; se nos confina en los hechos a una organización específica para mujeres, poniendo innumerables trabas a nuestra incorporación como miembro pleno de las organizaciones.

El machismo de muchos compañeros (una de cuyas expresiones es el acoso) se suele ocultar bajo el supuesto tácito de que se trata de sucesos que no puede ocurrir en un grupo dedicado a la revolución. La igualdad sigue siendo una gracia otorgada por los compañeros varones, no la forma natural que deben asumir las relaciones entre los miembros de una organización revolucionaria.

La lucha por el socialismo es imprescindible para lograr la concreción de la igualdad en las relaciones de género, pues la abolición de la propiedad privada de los medios de producción es la base material para hacer efectiva la autonomía plena de los seres humanos. No obstante, tenemos que recordar y nunca olvidar que el socialismo, por sí mismo, no garantiza la abolición del patriarcado. Por esto se torna imprescindible tanto la incorporación de las mujeres a las organizaciones que luchan por el socialismo como nuestra organización autónoma en las formas que consideremos necesarias para luchar con eficacia por la igualdad de género.

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LA HUELGA DOCENTE Y LOS DESAFÍOS DEL MOVIMIENTO OBRERO

Comité Editorial de la Revista Propuesta Marxista

El paro docente del 6 y 7 de marzo (en algunas jurisdicciones se extiende también al 8 de marzo) posee una importancia excepcional para el movimiento obrero argentino, derivada del contexto en que se lleva a cabo.

La victoria de los docentes, léase la recuperación del poder adquisitivo perdido por los salarios en 2016, representaría un duro golpe para el gobierno de Mauricio Macri, que viene de perder la pulseada con los trabajadores bancarios, quienes lograron mantener su salario real por sobre la inflación del año pasado. En cambio, la derrota de los docentes, léase la consolidación de la pérdida salarial sufrida el año pasado, significaría un gran triunfo del gobierno y sentaría un funesto precedente para las paritarias de los demás sindicatos.

La paritaria docente tiene desde hace mucho tiempo el valor de ser la “paritaria testigo” para el resto del movimiento obrero. Esto es consecuencia de que se trata de la primera negociación salarial del año, de la gran cantidad de trabajadores que involucra, de sus repercusiones sociales (afecta a millones de padres y alumnos), de su impacto sobre las cuentas fiscales de las provincias, habida cuenta de que son éstas y no el Estado nacional quienes pagan los salarios docentes. El conjunto de estos elementos ponen en tensión a todo el sistema político y gremial del país. Por lo tanto, la negociación salarial docente se transforma en un punto de referencia para todo el movimiento obrero.

Desde su llegada al poder, el macrismo se halla abocado a una ofensiva contra la clase trabajadora, como parte de su plan para revertir el estancamiento económico que se venía dando desde 2011. En una economía capitalista, el crecimiento económico se logra mediante un incremento de la inversión y para esto es preciso que los capitalistas (quienes tienen en sus manos el capital para invertir), consideren que existe un nivel de rentabilidad suficiente. Dicho en otras palabras, los empresarios invierten en la medida en que tienen la expectativa de obtener ganancias. La recesión de 2016 muestra que los empresarios consideran que no existen todavía esas perspectivas. La ofensiva de Macri contra los trabajadores tiene el objetivo de reducir los salarios y disciplinar al movimiento obrero, como forma de garantizarle a los empresarios que la tasa de ganancia no será deteriorada más adelante por disputas gremiales. De ese modo, al abaratar el costo laboral, se espera que los empresarios tengan incentivos suficientes para volver a invertir.

La intransigencia de Macri y de la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, es un medio para lograr que los docentes acepten la pérdida salarial sufrida en 2016. Esto colocaría al gobierno y a los empresarios en mejores condiciones para encarar las restantes negociaciones paritarias. Por esos motivos, las presiones sobre los docentes se han multiplicado hasta límites insospechados. El gobierno convocó a carnerear la huelga, la justicia confirmó que se le van a descontar a los docentes los días no trabajados y se llegó a decir que la huelga pone en riesgo la 2 gobernabilidad. La gobernadora Vidal pidió a los supervisores y directivos de las escuelas las listas de los docentes que adhieran al paro. El gobierno alienta los sentimientos antiobreros afincados en un sector de la clase media y entre algunos trabajadores, quienes reclaman “orden” para sacar el país adelante.

Primera conclusión: lo que está en discusión en la lucha docente no es la educación, sino los salarios, y en términos más generales se pone en juego el objetivo del gobierno de aumentar la rentabilidad empresaria y disciplinar al movimiento obrero.

El conflicto docente en su versión 2017 presenta una novedad respecto a los años anteriores: el gobierno de Macri resolvió no convocar la paritaria nacional, planteando la negociación con los docentes en el nivel de cada una de las jurisdicciones del país. Esto significa, en primer término, sacar de la cancha a Ctera, la expresión nacional de los trabajadores docentes. En segundo lugar, marca una continuidad con la política de fragmentación de la educación, iniciada por el menemismo al transferir las escuelas a las provincias. Esta política no fue puesta en cuestión por el kirchnerismo y cobra ahora un nuevo auge con esta medida del macrismo.

La decisión del macrismo se explica a partir de lo dicho más arriba. Al desactivar la negociación nacional, busca diluir la capacidad de resistencia de los docentes, al acentuar la fragmentación existente. Es una demostración más de que el objetivo primordial del gobierno en la lucha contra los docentes es la reducción de los salarios, pues la fragmentación del sistema educativo contribuye a obstaculizar los intentos de coordinar el mismo, sancionando así el deterioro de la educación brindada en las escuelas.

La eliminación de hecho de la paritaria nacional docente demuestra la debilidad de Ctera. Si Macri se animó a tomar esa decisión fue porque consideró que Ctera no tenía la fuerza suficiente para revertirla. En este punto es preciso poner en consideración la política impulsada por Ctera en la última década. Su política de encolumnamiento con el kirchnerismo la llevó a aceptar un deterioro de las condiciones laborales, entre las que cabe destacar un avance de la precarización en las condiciones de contratación (Plan Fines). La inflación, que se incrementó desde el comienzo del estancamiento en 2011, fue devorando los aumentos salariales nominales obtenidos en las sucesivas paritarias docentes. Ctera tampoco supo responder adecuadamente a los ataques contra los trabajadores docentes lanzados en repetidas ocasiones por la presidenta Cristina Fernández. En suma, la conversión de Ctera en una especie de “sindicato oficial” erosionó su credibilidad entre los docentes. Subordinó los intereses de los trabajadores docentes a los de un gobierno y un partido.

La aparición de fuertes oposiciones al oficialismo sindical en varios distritos (el caso más notable es el la Multicolor en la provincia de Buenos Aires) expresó el descontento de muchos docentes hacia la política de Ctera y sus referentes en cada uno de los distritos. Como ya se indicó, ese descontento tiene por base el deterioro de los 3 salarios y de las condiciones laborales. Por el momento, se traduce en la demanda de sindicalistas más eficientes (que cumplan el papel de “super delegados” en la resolución de los problemas cotidianos), antes que en el desarrollo de una corriente clasista que considere al capitalismo como el principal problema de los trabajadores de la educación.

Segunda conclusión: es preciso realizar una profunda crítica de la política de Ctera en particular y de la relación del sindicato con el Estado en general. Los trabajadores no tenemos que subordinar jamás nuestros intereses a los del Estado. Si ellos defienden el superávit fiscal, nosotros defendemos los salarios y las condiciones de trabajo de nuestros compañeros.

La ofensiva del macrismo sobre los docentes recibe el apoyo de dos factores, de largo aliento: a) el desarrollo de la educación privada; b) la pérdida de prestigio de los docentes ante la opinión pública.

Respecto al primero de los factores mencionados. El desarrollo de la matrícula de las escuelas privadas no cesó de incrementarse desde la década menemista. A modo de ejemplo, en la actualidad la mitad de los niños y adolescentes que cursan estudios en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires concurren a escuelas privadas. El desarrollo del sistema privado debilitó la capacidad de lucha de los docentes. En primer lugar, porque en la mayoría de las escuelas privadas (como en cualquier empresa capitalista) impera un régimen de “terrorismo patronal”, que impide la organización y las manifestaciones de protesta y que sanciona con el despido a los docentes que se atreven a adherir a una huelga. En segundo lugar, porque el carácter de clase cada vez más acentuado del sistema educativo argentino hace que los hijos de la burguesía, de los sectores medios y de parte de la clase trabajadora concurran en número creciente a escuelas privadas. De este modo, un segmento importante de la población argentina (enormemente relevante en términos políticos) queda a cubierto de las medidas de fuerza de los docentes, que sólo afectan a las escuelas públicas, donde asisten los hijos de los trabajadores (salvo aquellos que pueden pasarse al sistema privado) y de los sectores más empobrecidos de la sociedad. Cada vez más, la escuela pública ha quedado como una escuela residual, donde concurren los hijos de los trabajadores más pobres. Algo similar sucede con la salud. Forma parte de una tendencia más general del capitalismo de generar ricos más ricos y pobres más pobres, cada uno con sus respectivos sistemas de educación, salud, seguridad, etc.

La importancia cualitativa y cuantitativa de la educación privada juega a favor del macrismo en esta coyuntura. La afirmación “el lunes 6 no comienzan las clases” es parcialmente verdadera, pues en la mayoría de las escuelas privadas el ciclo lectivo comenzará normalmente. Este hecho, que ya es capitalizado por los empresarios dueños de esas escuelas (en la Provincia de Santa Fe han aparecido carteles saludando el comienzo del ciclo lectivo en las escuelas privadas, marcando la diferencia con los colegios públicos), debilita el poder de fuego de la huelga docente. Por supuesto, no se trata de un hecho novedoso. Hace mucho tiempo que el crecimiento de las escuelas privadas acompaña el deterioro de los colegios públicos. Muchos trabajadores hacen 4 esfuerzos enormes para mandar a sus hijos a colegios privados, a sabiendas que allí estarán a cubierto de los paros docentes (y supuestamente de un mejor nivel educativo, además de codearse con “gente bien” y alejarse de los “villeros” de la pública). El Estado, por su parte, financia a las escuelas privadas, contribuyendo al desarrollo de este círculo vicioso.

Los sindicatos docentes no han sabido o no han podido encarar el problema planteado por el desarrollo de la escuela privada. Es evidente que el modelo de sindicalismo docente, construido en condiciones en las que el empleador es el Estado, resulta ineficaz en las escuelas privadas. Y es precisamente en esas escuelas donde el despotismo del capital se hace sentir en toda su expresión. La calificación de “terrorismo patronal” para el régimen imperante en ellas no es exagerada. A despecho de las urgencias de la coyuntura, se hace necesario encarar un trabajo a largo plazo para construir un activismo en las escuelas privadas. Esa construcción, dadas las condiciones existentes, tendrá que hacerse en la clandestinidad y deberá seguir líneas de construcción diferentes al sindicalismo docente moldeado en torno al Estado como empleador. Si la patronal emplea los métodos fabriles de dirección, los trabajadores tenemos que hacer lo mismo con las formas de organización (de ahí la necesidad de la clandestinidad). Los sindicatos existentes en el sector educativo privado han tendido a la colaboración con la patronal, sin pretender modificar la situación de las condiciones laborales.

Tercera conclusión: la construcción de un sindicalismo docente en las escuelas privadas es imprescindible para fortalecer las luchas futuras de los trabajadores de la educación. Es, por ahora, una tarea pendiente.

El otro factor con que cuenta el gobierno de Macri para enfrentar a los docentes es la opinión pública. En este punto hay que ser claro: el prestigio social de los docentes está en decadencia y el apoyo de la comunidad educativa hacia sus reclamos es menor al que recibieron, por ejemplo, en tiempos de la Carpa Blanca. Los ideólogos y los medios de comunicación de la burguesía han aportado su granito de arena, desprestigiando siempre que tienen oportunidad a los trabajadores de la educación. Pero no se trata solo de la acción de la derecha, otros factores objetivos contribuyen a la situación. De un lado, se encuentra el persistente deterioro de la formación de los docentes. La destrucción por diversos medios de los institutos de formación docente (desjerarquización, desfinanciamiento, etc, etc.) tuvo ese objetivo. Del otro, la ineficacia de los paros para obtener mejoras salariales generó una dinámica en la que se respondía con más paros ante la no consecución de los objetivos perseguidos. Esa dinámica hizo que muchos padres de las escuelas públicas comenzaran a cuestionar a los docentes, pues sus hijos tenían menos días de clase que los que asistían a los colegios privados. Todo esto facilita la tarea del macrismo, que no tiene escrúpulos en presentar a los docentes como “vagos”, como gente que “trabaja pocas horas y tiene tres meses de vacaciones”. No se trata sólo del macrismo, es una política de la clase dominante. La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner ya se había expresado en los mismos 5 términos en la apertura de las sesiones legislativas de 2014. El descrédito del trabajo docente por los funcionarios se apoya en el descontento de vastos sectores contra el mal funcionamiento de la escuela pública.

Como se indicó, a los colegios públicos asisten los hijos de los sectores más empobrecidos de la sociedad argentina. En los hechos, los padres de muchos de esos niños tienen menos ingresos y peores condiciones laborales que los docentes. El macrismo aprovecha hábilmente esa situación para acentuar la división entre ellos y los docentes. Cuando Vidal y sus funcionarios piden “un esfuerzo a los docentes”, “que no dejen solos a los chicos”, etc, etc, no están haciendo mera retórica. Están actuando sobre una división ya existente, procurando debilitar aún más la posición de los docentes. El macrismo, fiel a su ideología individualista, trabaja acentuando del descontento de los padres, apelando a ensanchar las diferencias materiales al interior de la comunidad educativa.

La lucha emprendida por los trabajadores de la educación cuenta, en principio, con menos apoyo popular que luchas anteriores. Esto forma parte de un proceso que lleva años y no podrá ser revertido en lo inmediato. Pero las condiciones de lucha serán todavía más difíciles si los sindicatos y el activismo docente no se ponen a trabajar sobre esta cuestión.

Cuarta conclusión: la lucha por la opinión pública es un factor crucial en el desarrollo de la lucha docente. Hoy más que nunca constituye un factor central en el resultado de la medida de fuerza. En este sentido, hay que insistir una y otra vez que estamos luchando por los salarios.

Como se dijo, la huelga de los docentes tiene una importancia fundamental para el movimiento obrero. Las condiciones en que se da la lucha son mucho más difíciles que en años anteriores, por las razones mencionadas. Pero es preciso tener presente en todo momento lo que está en juego. Si los docentes son derrotados, se da piedra libre a la reducción de salarios y a la precarización laboral. Para que los docentes triunfen se precisa la unidad más amplia de todo el movimiento obrero en torno a la defensa de los salarios.

El colectivo de la Revista Propuesta Marxista saluda la lucha de los docentes y se compromete a poner todos los medios a su alcance para contribuir a su triunfo. Si ganan los docentes, ganamos todos.

Comité Editorial de la Revista Propuesta Marxista, 5 de marzo de 2017

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“Sobre la crisis del movimiento obrero y su estrategia de lucha”, un documento de la Liga Marxista

Roberto Parodi

Ponemos a disposición de los lectores el texto “Sobre la crisis del movimiento obrero y su estrategia de lucha”, de la organización Liga Marxista, aparecido en la revista Debate Marxista n° 3 (Buenos Aires, Mayo de 1994), convencidos de que, en sus tesis centrales, mantiene su vigencia.
En lo fundamental, el documento plantea que la estrategia del movimiento obrero quedó atrapada en una estrategia reformista que se queda sin bases materiales a partir de la crisis de los 70 y la reestructuración capitalista que le siguió algunas décadas después.
También se introduce en la polémica sobre la burocracia sindical, donde se busca entender a ésta como el resultado lógico al que se ajusta a una forma particular de capitalismo, y a cierto tipo de lucha reivindicativa.
La estrategia del movimiento obrero que domina en Argentina es criticada a la luz de una propuesta que tiene como centro el cuestionamiento del sistema capitalista.
Se propone una nueva articulación entre lucha por mejoras y objetivos socialistas que, pensamos, sigue siendo un objetivo a alcanzar.

LINK DE DESCARGA: sobre-la-crisis-del-movimiento-obrero-y-su-estrategia-de-lucha

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